Había sido yo el ilustre Don Quijote de la Mancha.
Porque había elegido el heroísmo en lugar de la razón.
No porque fuera valiente,
sino porque estaba cansado de entenderlo todo.
La razón me daba respuestas,
pero me quitaba el misterio.
Así que preferí la locura,
esa locura que aún cree en la belleza,
que ve gigantes donde otros ven molinos,
y esperanza donde todos ya se rindieron.
En mi guerra absurda encontré sentido.
Descubrí que a veces la cordura es solo miedo,
y la locura, una forma de fe.
Ser Quijote fue mi manera de no morir de lucidez.
De seguir soñando… aunque el mundo se burlara de mi.


